sábado, 29 de noviembre de 2014

A, B y C...

Supongamos que A es una trabajadora de un Ayuntamiento, B un policía cuyas funciones se desarrollan dentro de Comisaría y C un policía cuyos cometidos le llevan a la calle.

Con solo estos datos, ni A, ni B, ni C son mejores o peores entre ellos.

A estos tres individuos los hará mejor o peor personas sus comportamientos hacía el resto fuera del ámbito de sus obligaciones estrictamente hablando. Ya sabéis, amabilidad, educación, respeto...ese tipo de cualidades y valores.

Igualmente pasa como trabajadores, lo que los hará mejores o peores, laboralmente hablando será la calidad en el desempeño de sus funciones. Diligencia, compromiso, responsabilidad, implicación...ese tipo de cosas.

Ahora sí, en cuanto a datos objetivos como puede ser el nivel de riesgo laboral sobre su persona, solo con esos datos, sí se puede establecer una clara pirámide. A está en el nivel de riesgo más bajo, por no decir nulo (en situación normal, sin sucesos fuera de lo habitual, se puede grapar un dedo, hacerse un minúsculo corte con una hoja de papel...).

B, sin embargo, estaría en el nivel de riesgo medio, pues si bien es cierto que sus funciones habituales no entrañan un riesgo directo hacía su persona, dentro de su deber policial está la obligación de actuar ante la comisión de un delito.

Y C, sin ninguna duda, estaría en el nivel de riesgo más alto, sus funciones son directamente ir donde se comete un delito, salir a su encuentro, no entra ni la mala suerte, ni lo fortuito, es su día a día. Y esto me parece evidente, pero por si acaso, matizo. Eso no quiere decir que todos los días este expuesto a situaciones peligrosas, por suerte para todos, viviríamos en una especie de selva humana.

Y para terminar, decir que igual que el nivel de riesgo no hace ni mejor, ni peor a C, ni como persona, ni como trabajador, tampoco lo hace ni más, ni menos imprescindible que a A o B. Vivimos en una sociedad y todos somos imprescindibles, el panadero que hace el pan, el policía que de la manera que sea vela por la seguridad, el electricista que arregla una avería, el músico que compone y da ratos de ocio....bueno, de A a veces me pregunto que tan necesaria es ;)). No es cuestión de competir, la clave está en reconocer a cada uno lo que le corresponde partiendo de que todos somos igual de importantes o de poco importantes, según se mire.

Y esta es mi opinión y mi forma de ver la vida, solo eso.

Con cariño y respeto hacía los tres, B, C y D (a D no os lo he presentado, pero en esta ocasión ha llegado como guinda del pastel)