sábado, 25 de mayo de 2013

La batalla...

Desde las cinco de la mañana despierta y sin poder desahogarme, si lo lees lo has leído...este es mi lugar y o lo saco fuera y lo escribo o voy a sufrir una combustión instantánea...

La razón, bendita ella, las emociones, benditas ellas...cuando chocan, benditos nosotros...

Esto os ha tenido que pasar seguro...

Una de esas veces que crees que controlas algo hasta que te estalla en la cara y entonces no queda otra que reconocer que controlabas una mierda (advierto, el lenguaje va a ser fuera de lo acostumbrado, son 7 horas conteniéndome, tal vez no...), pues así estoy.

Somos unos ilusos cuando creemos que la razón va a poder controlar (y hablo solo por mí, por si lo estás leyendo) sentimientos como la atracción. No tengo ni idea de como funciona la atracción, ni porqué se da, ni porqué surge entre dos personas, ni cuando nace, pero cuando aparece...¡ay cuándo aparece!...La razón, el sentido común, el sentido de lo correcto, bla, bla, bla, se queda en eso, en meros momentos ilusorios...pero no ocurre de golpe, no. 

Si todo pasara de repente sería fácil, el estallido en la cara sería rápido, antes de crear adicción, y entonces se podrían tomar las medidas adecuadas.

Pero no, la atracción  nace apenas sin fuerza sobre la razón, la poderosa razón, esa que se cree que puede con todo, al principio ata corto a los sentimientos. Te da los motivos racionales suficientes para que creas que como eres consciente de ellos vas a poder poner los límites precisos, pero la atracción va como las hormiguitas, poco a poco.

Al principio se deja apartar siempre que la razón lo impone, entonces nos relajamos y la empezamos a permitir una licencia de vez en cuando, pero ella, muy lista, no se aprovecha de la situación y sigue pareciendo obediente a las órdenes del sentido común, de manera que sigues confiando. Después comienza a ganar terreno ante las narices del raciocinio sin que a éste le salten alarmas, bueno, sí saltan, pero ya ha comenzado la adicción a lo que se está viviendo, la razón ha perdido el dominio, el mando, la batalla, pero como buena estratega, la atracción de vez en cuando deja que la razón actúe, pero ya no es ésta quien toma las decisiones, como al principio, ahora es la atracción la que decide cuando deja a la razón creerse que aún tiene el control...

El caso es que es una adicción más y, como toda adicción que se preste, no se conforma con las pequeñas raciones que consigue al principio, según te metes más en la historia, más quieres, al principio te conformas con una pequeña señal de que a la otra persona la pasa lo mismo que a ti, pero después vas aumentado la dosis y con ella el contacto y cuanto más contacto hay, más contacto se quiere y esto va pasando, como he dicho, poco a poco, sin que nos demos realmente cuenta de su dimensión hasta que es tarde...ya somos drogadictos.

Pero bueno, hasta ahí todo bien, es interesante, divertido, emocionante, incluso puede dar lugar a una bonita historia...

Pero no es el caso...¿qué ocurre cuándo hay muros insalvables? Que nos chocamos de frente con ellos y, entonces, aparece la razón de nuevo, renovada en fuerzas, y comienza la batalla por el poder, ni la atracción, ni la razón están dispuestas a perder la guerra y entre tanto, nosotros, meros muñecos de trapo en sus manos.

Como seres racionales sabemos quien debe ganar, pero como seres emocionales que somos...también.